¿Integri… qué?

Integridad, íntegro, dos palabras llenas de significado y carentes del mismo en muchas ocasiones. Te voy a hablar de uno de los valores fundamentales de Martin Brainon y cómo siendo un pilar fundamental de la sociedad, brilla por su ausencia en los actos de miles y miles de personas. De ahí, que en muchas ocasiones las organizaciones nos pidan ayuda en el desarrollo del este valor.

El término integridad proviene del latín. Deriva de integritas, integritatis, cuyo significado es buena salud y estado físico, y también, honestidad y rectitud. Si nos vamos a la Real Academia Española, da como su primera definición “cualidad de íntegro”, definiendo  íntegro como “dicho de una persona: recta, proba, intachable”. Y como segunda definición del término da: “pureza de las vírgenes”, pero creo que hoy voy a aparcar las vírgenes para otra ocasión.

En la sociedad actual, es un valor en alza, se nos llena la boca hablando de integridad, de cómo las personas deben ser íntegras, de cómo las empresas deben actuar con integridad. En una sociedad donde se pierden los valores y crece la desconfianza, la integridad es un gran desafío en los negocios, la familia y la Sociedad en general.

Valor integridadPara mí, integridad es ir un paso más allá de la honestidad, es actuar en base a lo que pienso y pensar en base a lo que siento, proyectando en los demás una sensación de confianza. Esta visión tan básica, produce grandes inquietudes en quien tiene que ponerla en práctica y, sin embargo, todos la agradecemos si la vemos en los demás. Típico del ser humano ¿no?, si yo me pregunto ¿soy una persona íntegra? con altas probabilidades contestaré que sí, pero si me pregunto, ¿mi jefe, mi pareja, mi padre, mi vecino, es integro? ¿Tendré las mismas posibilidades de contestar con un sí?

Debo contar con lo mucho que le gusta a mi cerebro ver integridad en los demás, porque le encanta sentirse seguro y en un ambiente de confianza, y lo mucho que le cuesta ponerla en práctica en sí mismo. Una vez más, la neurociencia, me permite saber que mi cerebro, ese gran perezoso, hará lo que sea, por no gastar una pizca de energía, me mentirá si es preciso, haciéndome parecer a mí mismo una persona llena de integridad, no dejándome espacio para cuestionarme si de verdad lo soy. No querrá perder esa sensación de seguridad, confianza y tranquilidad.

Te animo a pararte y pensar qué nivel de integridad real posees y retando a tu propio cerebro a dejar de actuar en automático, marcando las pautas de tu comportamiento con posibles ilusiones de integridad que pueden estar muy lejos de serlo. Gracias a nuestras neuronas espejo, los humanos somos magníficos imitadores de comportamientos, así que todos tenemos una gran responsabilidad en mostrar actos realmente íntegros que sirvan de ejemplo a otros que los copien a su vez y, quien sabe, quizás algún día, realmente vivamos en una sociedad llena de integridad y hacer lo correcto, aun cuando nadie lo esté viendo.

N.A.

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