Gestión del Cambio. Transformación. Evolución

En el diccionario de la Lengua, de la RAE (Real Academia Española), la palabra Cambiar o Cambio tiene  estas acepciones: Dejar una cosa o situación para tomar otra. Convertir o mudar algo en otra cosa. 

Por tercer año consecutivo, ayer se celebró el Congreso Internacional de Gestión de Cambio en el que Martin Brainon fue colaborador.

Hace unos meses, se tuvo lugar el XXIV Foro Anual del Club Excelencia en Gestión en el que trataron la situación de las empresas españolas en la gestión del cambio. Como se refleja en una noticia publicada en Cinco Días, el 16 de marzo: “Como datos positivos, las organizaciones españolas consideran la estrategia como un input del cambio en un 70%, capacitan a las personas a través de la implicación en el proyecto (70%), lideran el cambio a través de un órgano rector (50%) y revisan el grado de éxito de los cambios, en un 80%.

Gestion del cambio empresarial

Sin embargo, aún quedan muchos aspectos por pulir. Seis de cada diez compañías no perciben carácter de urgencia por el cambio, el 50% no comunica sistemáticamente la visión del cambio a los grupos de interés y ocho de cada diez no realiza comparaciones con otras organizaciones para contrastar sus resultados. (…) Las organizaciones que han comprendido que el cambio es un fenómeno continuo consideran, según el citado informe, que definir una visión estratégica, disponer de líderes que gestionen el proceso de forma eficaz y comunicar todo lo sucedido a los grupos de interés, son los tres aspectos más importantes en esta transformación”.

Y, pensando en cómo poder facilitar a las organizaciones esta visión estratégica, cómo ayudar a sus líderes a gestionar el proceso y a comunicar de forma óptima, me he dado cuenta de que todo cambio supone un aprendizaje. Lo más sorprendente es que, las personas y muchos otros animales, tendemos a aprender de forma natural e imagino que, por tanto, tendemos a cambiar de forma natural.

Así, de forma “natural”, en palabras de Carl Sagan en su explicación del origen del universo y de la vida, los seres vivos empezaron a colonizar la Tierra, los reptiles gobernaron durante algún tiempo y luego dieron paso a pequeñas criaturas de sangre caliente, con cerebros más grandes, que desarrollaron destreza y curiosidad por su entorno. Aprendieron a usar las herramientas, el fuego y el lenguaje.

En este continuo cambio, muchas veces inconsciente, los seres vivos aprendemos, cambiamos, evolucionamos. Pero, ¿cómo aprendemos? Aprender algo nuevo supone entrar de lleno en el mundo de la incertidumbre y, todos sentimos miedo de irnos más allá de lo que conocemos, de lo que controlamos, de aquello que es predecible.

En palabras de Mario Alonso Puig, en una de sus conferencia en el Congreso El Ser Creativo, debido al miedo que sentimos ante la incertidumbre, no tiene sentido que el aprendizaje esté basado en la coacción, en la obligación, sino, en el sentir la necesidad de aprender y en la inspiración, las ganas por aprender. Cuando una persona decide aprender algo y resuelve ponerse en marcha, empieza a cambiar toda la anatomía y la fisiología de su cerebro.

En primer lugar, aumenta el riego sanguino de toda la corteza cerebral, especialmente, de la corteza prefrontal. Esto facilita que se empiece a ver con mayor claridad, con más foco, se aprende más deprisa, se es más creativo.

En segundo lugar, se ha comprobado que aumenta la neuroplasticidad, es decir, las neuronas se conectan más entre sí. Esto es básico ya que, neuronas más conectadas suponen una mayor capacidad para resolver problemas y desafíos.

Y, en tercer lugar, supone que nosotros, los adultos, podemos generar nuevas neuronas. Las neuronas no se reproducen, son muy complejas, pero sí se regeneran. A partir de células madre, pluripotenciales, pueden migran entre quinientas y mil neuronas de los Ventrículos Cerebrales a los Hipocampos y, en 21 días esas células madre se han convertido en neuronas.

Esto es espectacular ya que, el Hipocampo, no sólo es fundamental en el aprendizaje, sino que controla el pánico que procede del centro del miedo en la amígdala, y está muy involucrado en la generación de la hormona Dopamina (que da un sentido de curiosidad y de exploración)

Sorprendentemente, los seres humanos estamos dotados para aprender, cambiar, transformarnos y evolucionar de forma natural. Este proceso se puede ver entorpecido o favorecido por varios factores. Uno de ellos, y fundamental, es contar con el apoyo de otra persona. Todo cambio implica entrar en tierra nueva, desconocida; cuando una persona, al entrar en ese mundo de curiosidad, aventura y fascinación se siente acompañada por otro ser humano, se sentirá confiada y, a pesar de la dificultad, seguirá dando pasos.

Por eso te propongo que, en lugar de utilizar la coacción para producir el cambio, uses la CO-ACCIÓN, y generarás los aprendizajes necesarios para gestionar el cambio con éxito.

O.P.

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