Buceando entre mis creencias

buceador en cenote

Hace unos días realicé un curso de rescate para buceadores. En realidad me vi casi arrastrada a hacerlo y aunque al principio me hacía ilusión, enseguida empecé a tener serias dudas sobre si sería capaz de finalizarlo.

Vivía la cuenta atrás del inicio del curso con ansiedad creciente y en varias ocasiones estuve tentada de tirar la toalla. El motivo: mis miedos e inseguridades.

Afortunadamente, al final me decidí a hacerlo.

Podría decir que me armé de valor, pero no fue así. Me planté en el centro de buceo con más miedo que vergüenza, pero dispuesta a ir afrontando los obstáculos según se fueran presentando porque, en un momento de lucidez, pensé que cualquier miedo que cuestionara mis capacidades sin conocer en qué consistirían los obstáculos estaba basado en meros prejuicios. Así que me pregunté: ¿qué es lo peor que puede pasar? Que no pueda superar las pruebas, me dije. Y siendo ese el peor de los escenarios posibles, no cabía no intentarlo.

No te aburriré con los detalles, sólo te diré que ha sido una de las experiencias más divertidas y enriquecedoras que recuerdo. En primer lugar, porque me permitió conocer a mi instructora, Raquel, que me dio la fuerza que me faltaba cuando el primer día me dijo en el vestuario:

– ¿Qué tal, con ganas? Tienes carita de miedo.

– ¿Miedo? Estoy acongojada, le respondí.

– ¿Por qué? – Inquirió ella- el curso es duro, pero espero que divertido.

– Bueno – respondí yo- como puedes ver no estoy en mi mejor momento en lo que a forma física se refiere…

– Bien – me dijo tras una pausa- trabajaremos con lo que tenemos. Como en todo en la vida.

Esa respuesta me hizo reflexionar. Quizá yo esperaba algo del tipo: ´no mujer, tú puedes, ya verás´. Pero me sorprendió con un ´pues esto es lo que tenemos y con esto tenemos que trabajar´

Sorprendentemente esa frase me produjo una tranquilidad y una confianza que jamás podré agradecerle y que me permitió superar con éxito todas las pruebas.

Además, el curso me enseñó cosas muy útiles para el día a día. Por ejemplo: ¿sabes cuál es la primera premisa ante un problema en el mar? Pararse, respirar, pensar, actuar. Por grave que sea el problema, primero párate. Luego respira y piensa. Y sólo después de haber evaluado la situación y haberte hecho cargo de tu propio equilibrio, establece un plan de acción.

También es aplicable a la vida en general, el primer mandamiento de un rescatador: Lo más importante es la propia seguridad, nunca te pongas en peligro. Quizá esta frase choque a muchos, pero no se trata de egoísmo si no de economía de recursos: si hay una víctima y un rescatador y me arriesgo hasta tener un problema, el resultado es 2 víctimas – 0 rescatadores… y, en caso de contar con más recursos, sólo consigo dividirlos entre dos. Cuidarse para ayudar.

También aprendí que en el mar, como en la vida, es mejor prever cualquier posible problema y poner los medios para evitarlo antes que tener que solucionarlo.

Y, en fin, por eso quería compartirlo contigo, porque esto también forma parte de la filosofía de Martin Brainon: priorizar la prevención, trabajar con los recursos que uno tiene y potenciarlos hasta hacerlos suficientes en cada situación.

Así que, a cuidarse. Y ya sabes: da igual lo duro que parezca el reto, a los miedos hay que limpiarlos de prejuicios antes de usarlos…

V.V

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