¿Cultura de seguridad basada en comportamientos?

La seguridad y la calidad siempre ha sido un quebradero de cabeza para las empresas. Es por eso que de manera recurrente se invierten grandes sumas de dinero para garantizar estos elementos.

Las evaluaciones de la cultura de seguridad son una de las formas más utilizadas de preservar los estándares de fiabilidad. Éstas consisten en medir determinadas variables como las normas, valores y comportamientos que se dan dentro de una organización y están relacionadas con la seguridad de los integrantes y procedimientos.

Sin embargo, muchas empresas hacen una evaluación superficial de los comportamientos, sin profundizar en los antecedentes que se pueden modificar en el futuro para aumentar la seguridad.

Cualquier fallo en la seguridad se debe siempre, en primera o en última instancia, a un error humano. (Los errores son alteraciones probabilísticas en la aparición de un determinado comportamiento). Una máquina de fabricar panes, por ejemplo, puede tener una fiabilidad de 1:100.000, es decir, por cada 100.000 panes, se estima que 1 va a salir defectuoso. En los humanos, la probabilidad de cometer errores es mucho mayor.

El ser humano no es infalible, somos intrínsecamente creativos, adaptativos, y muchas veces heurísticos. En una palabra, variables. Un estudio de la NASA muestra una media de 4 equivocaciones por hora en la mejor situación posible. Si el entorno cambia, la tasa sube hasta 12/14 por hora.

cultura de seguridad

Nuestro trabajo como consultores especializados en la seguridad y el desarrollo organizativo es precisamente disminuir la probabilidad de que ocurran errores en las organizaciones mediante formaciones, entrenamientos personalizados y técnicas de modelado de comportamiento. Así, se consigue aumentar la fiabilidad y productividad de nuestros clientes.

Desde la psicología se han desarrollado modelos que permiten explicar fácilmente el origen de los comportamientos de las personas. Concretamente, la percepción que tengan las personas de una situación, la emoción que les haga sentir y las normas explícitas o implícitas que existan, van a determinar que la persona decida entre un abanico de posibilidades, qué comportamiento es el más adecuado para esa situación.

Por ejemplo, si un empleado de una central eléctrica percibe una alerta de un sistema de refrigeración, siente miedo de que pueda provocar un incidente y considera importante la normativa de su organización, lo más probable es que decida levantarse de su puesto de control y revisar el sistema. Si cualquier elemento de esta ecuación es alterado (no percibe la alerta, desconoce o ignora la normativa de su organización), su comportamiento va a ser sustancialmente diferente, con las consecuencias negativas que esto puede suponer.

Por esta misma razón, cuando se realiza una evaluación de cultura de seguridad no sólo basta con medir los comportamientos, sino que es necesario tener en cuenta los antecedentes. De esta manera, las formaciones irán encaminadas a alinear las normas, valores y actitudes de las personas con los de la organización.

Igual que en nuestra vida cotidiana tenemos hábitos y rutinas que nos permiten ahorrar esfuerzo cognitivo, en las organizaciones existen procedimientos que garantizan la ejecución precisa de las tareas. Pero si en la vida cotidiana existen alteraciones de nuestra rutina debido a un atasco, un familiar enfermo o una llamada de teléfono inesperada, en las organizaciones también aparecen variables que pueden afectar a las personas y, en consecuencia, la seguridad.

Nuestro consejo es tener en cuenta no sólo los comportamientos que se dan en una organización, sino las variables que los modulan, para garantizar la fiabilidad y la consecución de resultados.

U.M.

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